martes, 4 de noviembre de 2014

LA VIDA ES UNA TORMENTA DE FOTOGRAFÍAS

Le dije lo que debía, sentí el fresco ese que se descarga cuando uno se saca el veneno del alma, después de eso floté y me monté en el carro, me demoré una hora más de lo común en llegar a casa, extrañamente ese taco que fue un infierno para muchos, era mi gloria, mi espacio, el tiempo indicado, cada pieza musical de Latina Estereo era la precisa, fue un deleite... Me pregunté por qué no había una cámara oculta disfrutando conmigo aquella tragicomedia instantánea.

Pensando en ese bonito sentir dije a mi mismo: "Qué hagan una fábrica de descargos, un número o una cabina a la que uno recurra para disparar desde adentro del ser", pero de inmediato se me ocurrió que tras de esas oportunidades hay momentos impactantes que simplemente pasan, esto los hace tan intangibles que pensar en industrializar la idea de sentirse vivo es algo que obedece realmente al plano de lo efímero. Y la piel es demasiado extensa como para obligarla solamente soñar.

Hago un 'stop and go' que me trae un pensamiento obligado: ella es un instante, un suceso de procesos que desbordan en un resultado. Estamos ahí en ese privilegio del ser, es decir, te estás sintiendo vivo, es allí cuando pasas de mirar a observar, es allí cuando ese detalle deja de ser un algo que estuvo de paso por tus retinas, es allí cuando la medicina intenta explicar esa orden que el cerebro lanza erizando cada poro de tu brazo dominante hasta llegar a la mano que conecta con el índice que presiona ese botón...

Mientras no exista la amiga que inmortaliza esos momentos, la cámara, la encargada de retener con la nostalgia venidera de los tiempos es la memoria. 

¡Y es allí donde obturas toda una vida!    


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